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Creencias sobre la IA que tuve que dejar atrás para aprovecharla

Descubre las creencias sobre la inteligencia artificial que tuve que dejar atrás para aprender a utilizarla y transformar mi forma de trabajar.

Creencias sobre la IA que tuve que dejar atrás para aprovecharla

Las creencias sobre la inteligencia artificial que tuve que dejar atrás para poder aprovecharla

Durante mucho tiempo, la inteligencia artificial fue una de esas herramientas que veía desde cierta distancia.

Sabía que estaba avanzando rápidamente. Veía cómo otras personas comenzaban a incorporarla a sus trabajos, hablaban de nuevas herramientas y mostraban todo lo que podían hacer con ella.

Pero una cosa es observar una tecnología desde afuera y otra muy diferente es animarse a incorporarla realmente a nuestra propia manera de trabajar.

Y creo que ahí hay algo de lo que pocas veces hablamos.

Antes de aprender a utilizar una herramienta nueva, muchas veces tenemos que revisar lo que pensamos sobre ella.

Y también lo que pensamos sobre nosotros mismos.

Porque quizás el primer obstáculo no sea la inteligencia artificial.

Quizás sean las creencias que tenemos alrededor de ella.

“Esto es demasiado complicado para mí”

Esta fue una de las primeras ideas que tuve que cuestionar.

Cuando escuchamos hablar de inteligencia artificial pueden aparecer conceptos, herramientas y posibilidades que parecen pertenecer a un mundo muy técnico.

Y si no somos personas especialmente familiarizadas con la tecnología, es fácil pensar que necesitamos entender muchísimo antes de poder empezar.

Pero con el tiempo descubrí algo diferente:

no necesitaba comprenderlo todo para comenzar. Necesitaba comenzar para ir comprendiendo.

No tuve que convertirme en una especialista en tecnología.

Tuve que probar.

Preguntar.

Experimentar.

Equivocarme.

Observar.

Volver a intentar.

Y poco a poco, aquello que inicialmente parecía complicado comenzó a formar parte de mi rutina.

Hay una diferencia enorme entre pensar:

“Esto es demasiado difícil para mí”.

Y decir:

“Todavía no sé cómo hacerlo, pero puedo aprender”.

La segunda frase abre una posibilidad.

“No tengo la capacidad para aprender esto”

A veces creemos que nuestra capacidad tiene un límite mucho más pequeño del que realmente tiene.

Nos acostumbramos a hacer las cosas de determinada manera porque así las hemos hecho durante años. Construimos rutinas, procesos y formas de trabajar que conocemos bien.

Entonces aparece una herramienta nueva y sentimos que tendríamos que empezar desde cero.

Pero aprender algo nuevo no significa necesariamente abandonar todo lo que ya sabemos.

En mi caso, la inteligencia artificial comenzó a tener verdadero valor cuando pude integrarla a conocimientos y procesos que ya formaban parte de mi trabajo.

No reemplazó mi experiencia.

La amplió.

Y creo que esta diferencia es fundamental para quienes emprendemos.

No necesitamos convertirnos en otra persona para incorporar una herramienta nueva.

Podemos aprender a utilizarla desde nuestra propia experiencia, nuestro criterio, nuestro conocimiento y nuestra manera de trabajar.

“Para aprender a usarla necesitaría muchísimo tiempo”

Esta creencia también puede ser muy limitante.

Cuando emprendemos, sentimos que ya tenemos demasiadas cosas pendientes. Aprender una herramienta nueva puede parecer simplemente otra tarea que debemos sumar a una lista que ya está llena.

Y entonces pensamos:

“Cuando tenga tiempo, voy a aprender”.

El problema es que muchas veces ese momento no llega.

En mi caso, la manera de aprender no fue esperar a tener muchísimo tiempo disponible para estudiar inteligencia artificial.

Fue incorporarla poco a poco a situaciones reales de mi trabajo.

Probarla con una tarea.

Ver qué podía resolver.

Detectar qué no funcionaba.

Volver a intentarlo.

Y, sobre todo, encontrarle utilidad dentro de mi propia rutina.

Así fue como algo que al principio parecía requerir tiempo empezó, justamente, a ayudarme a recuperarlo.

Y ahí apareció una de las cosas que más me sorprendieron.

No se trataba simplemente de hacer más.

Se trataba de poder trabajar de otra manera.

“La inteligencia artificial es para personas técnicas”

Esta idea puede aparecer incluso sin que nos demos cuenta.

Vemos herramientas cada vez más sofisticadas y pensamos que seguramente fueron diseñadas para programadores, especialistas o personas con conocimientos técnicos avanzados.

Pero para comenzar a utilizar muchas herramientas de inteligencia artificial no necesitamos comprender cómo funciona la tecnología por dentro.

Necesitamos aprender a expresar lo que necesitamos.

¿Qué quiero conseguir?

¿Qué información tengo?

¿Qué resultado necesito?

¿Qué quiero mejorar?

¿Qué características debería tener?

Cuanto más claro podemos explicar lo que necesitamos, más posibilidades tenemos de obtener algo útil.

Por supuesto, utilizar mejor estas herramientas requiere práctica.

Pero practicar no es lo mismo que tener conocimientos técnicos previos.

Podemos aprender mientras las utilizamos.

“Voy a tener que cambiar completamente mi manera de trabajar”

Otra preocupación frecuente es pensar que incorporar inteligencia artificial significa transformar por completo nuestra forma de trabajar.

Y no necesariamente.

Una herramienta puede incorporarse de manera progresiva.

Podemos empezar por una tarea pequeña que hacemos con frecuencia.

Después descubrir otra.

Y luego otra.

No tenemos que cambiar nuestra vida laboral de un día para otro.

De hecho, creo que comenzar de manera gradual es mucho más sostenible.

Porque no se trata de utilizar inteligencia artificial simplemente porque está de moda.

Se trata de preguntarnos:

¿Dónde puede ayudarme realmente?

Esa pregunta cambia la conversación.

Ya no estamos intentando encontrar tareas para justificar el uso de una herramienta.

Estamos buscando herramientas que puedan mejorar una manera de trabajar que ya existe.

“Si utilizo IA, mi trabajo perderá humanidad”

Esta es una creencia que también merece nuestra atención.

Especialmente cuando nuestro trabajo está relacionado con personas, comunicación, creatividad, acompañamiento o conocimiento.

Utilizar una herramienta no significa entregarle nuestra mirada, nuestro criterio o nuestra identidad.

La inteligencia artificial puede ayudarnos a ordenar ideas, explorar posibilidades, encontrar nuevas perspectivas, acelerar determinadas tareas o mejorar procesos.

Pero seguimos siendo nosotros quienes decidimos qué tiene sentido.

Qué queremos comunicar.

Qué representa nuestra marca.

Qué queremos construir.

Qué aceptamos.

Qué descartamos.

Para mí, aprender a utilizar inteligencia artificial no significó dejar de hacer las cosas a mi manera.

Significó tener más recursos para hacerlo.

“Primero tengo que aprender muchísimo y después empezar”

Esta creencia puede mantenernos en un estado permanente de preparación.

Queremos leer más, mirar tutoriales, conocer todas las herramientas, entender todas las funciones y sentir que finalmente estamos preparados.

Pero muchas veces aprendemos mucho más cuando empezamos a experimentar.

No necesitamos saberlo todo para dar el primer paso.

Podemos aprender mientras hacemos.

Y esto también forma parte de emprender.

Estamos constantemente entrando en territorios que no conocemos.

Aprendemos a vender.

A comunicar.

A organizar.

A delegar.

A liderar.

A tomar decisiones.

La inteligencia artificial puede ser simplemente otro territorio que exploramos.

No tenemos que dominarlo antes de utilizarlo.

“No sé ni por dónde comenzar”

Quizás esta sea una de las creencias más comprensibles.

Porque hoy existen tantas herramientas, posibilidades y conversaciones alrededor de la inteligencia artificial que podemos sentirnos abrumados antes de empezar.

Por eso, para mí, la pregunta más útil no es:

“¿Qué puedo hacer con inteligencia artificial?”

Sino:

“¿Qué parte de mi trabajo podría hacer mejor, más fácilmente o en menos tiempo?”

A partir de ahí podemos observar nuestra propia rutina.

¿Qué tareas repetimos?

¿Dónde nos quedamos sin ideas?

¿Qué procesos nos llevan demasiado tiempo?

¿Qué cosas hacemos que podrían simplificarse?

¿Qué nos gustaría mejorar?

Las respuestas pueden mostrarnos por dónde empezar.

Y probablemente ese primer uso no sea espectacular.

No tiene que serlo.

Tiene que ser útil.

Lo que cambió primero no fue la herramienta

Mirando hacia atrás, creo que hubo algo que cambió antes que mi manera de utilizar la inteligencia artificial.

Cambió mi manera de pensar sobre mi propia capacidad para aprenderla.

Porque cuando dejamos de decir:

“Esto no es para mí”.

Y empezamos a preguntarnos:

“¿Cómo podría aprender a utilizar esto?”.

Aparece una posibilidad completamente diferente.

Y esto tampoco significa que todas las herramientas de IA sean necesarias para nosotros.

Ni que tengamos que incorporarlas todas.

Ni que debamos utilizarlas para cada tarea.

Significa que podemos dejar de descartarlas antes de conocerlas.

En mi caso, animarme a experimentar me permitió integrar inteligencia artificial a mi rutina de una manera que hoy me ayuda a mejorar la calidad de mi trabajo, avanzar en más proyectos en el mismo tiempo —o incluso en menos— y recuperar tiempo y energía para otras áreas importantes de mi vida.

Y eso, para mí, tiene mucho más valor que simplemente “hacer más”.

Porque cuando una herramienta realmente está bien integrada, no debería solamente ayudarnos a producir.

También puede ayudarnos a trabajar de una manera más sostenible.

Y, en consecuencia, a recuperar espacio para otras cosas que también importan.

Quizás la pregunta no sea si la IA es para ti

Quizás la pregunta sea si estás dispuesto a descubrir qué podría hacer por ti.

No necesitas convertirte en una persona técnica.

No necesitas saberlo todo.

No necesitas incorporar diez herramientas.

No necesitas cambiar completamente tu manera de trabajar.

Puedes empezar pequeño.

Puedes experimentar.

Puedes aprender.

Puedes equivocarte.

Y puedes decidir, desde tu propio criterio, qué herramientas tienen sentido para tu emprendimiento y cuáles no.

A veces la herramienta que más nos limita no es la tecnología.

Es la creencia de que no somos capaces de aprenderla.

Y quizás este sea un buen momento para revisar algunas de esas creencias.

No para obligarnos a utilizar inteligencia artificial.

Sino para asegurarnos de que, si decidimos no hacerlo, sea porque realmente no la necesitamos y no porque la descartamos antes de darnos la oportunidad de descubrirla.

Porque emprender con bienestar también implica aprender nuevas maneras de trabajar.

Y algunas de ellas pueden sorprendernos.


Si este tema es de tu interés, quedate al pendiente porque estamos terminando de desarrollar una nueva herramienta que podrá serte de muchisima utilidad en este proceso de crecimiento como emprendedor/ra. Muy prontito te daremos las novedades. Mientras tanto nos seguimos viendo en Instagram :)

Con cariño, Tu Coach Dalí.


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